Aire acondicionado y factura de la luz: cuánto cuesta este verano (con el IVA ya al 21%)

Unidad exterior de aire acondicionado en la fachada de un edificio
El aire acondicionado puede suponer hasta el 65% de la factura de verano, y desde el 1 de junio el IVA de la luz volvió al 21%. Ocho horas diarias en una sola estancia rondan ya 90-120 € solo en estos tres meses.

Marta enciende el aire a las tres de la tarde, cuando el salón empieza a parecer un horno, y no lo apaga hasta que se acuesta. En junio pagó 96 euros de luz. En julio, con el mismo aparato y la misma rutina, la factura subió a 134 euros. No ha cambiado de tarifa ni ha comprado ningún electrodoméstico nuevo. Lo que ha cambiado es el IVA de la luz — y las horas de sol.

No es un caso aislado. Con el impuesto eléctrico ya de vuelta al tipo general y las temperaturas de julio empujando el termostato hacia abajo cada tarde, miles de hogares están viendo el mismo patrón en su recibo. La pregunta no es si el aire acondicionado se nota en la factura — eso ya lo sabe todo el mundo — sino cuánto exactamente, y qué margen real hay para bajarlo sin pasar calor.

Lo que ha cambiado de verdad desde junio

El 1 de junio de 2026 la electricidad dejó de tributar al 10% de IVA reducido y volvió al 21% general. La rebaja fiscal nació como medida extraordinaria ligada a la evolución de los precios de la energía, y la ley exigía unas condiciones concretas de encarecimiento para poder prorrogarla. En abril no se cumplieron, así que el escudo fiscal decayó de forma automática — sin debate, sin anuncio con nombre propio, simplemente dejó de aplicarse.

Como contrapartida parcial, el impuesto eléctrico especial (IEE) se mantiene reducido al 0,5%, el mínimo que permite la normativa europea. Ayuda, pero no compensa el salto del IVA: en un recibo medio, volver del 10% al 21% supone un encarecimiento aproximado del 10% sobre el total de la factura, antes incluso de tocar el termostato.

Aquí está la trampa: ese 10% de subida se suma al consumo extra del verano, no lo sustituye. Son dos efectos que se multiplican, no que se compensan entre sí.

Cuánto consume realmente un aire acondicionado

Un equipo doméstico estándar, de los que suelen anunciarse como "2.500 frigorías" (unos 2,9 kW de potencia frigorífica), consume entre 800 y 1.200 vatios por hora en modo refrigeración normal. La cuenta es sencilla en apariencia: potencia en kW multiplicada por horas de uso multiplicada por el precio del kWh. La parte que casi nadie hace bien es la de las horas.

Si ese equipo funciona una media de 8 horas diarias durante los tres meses de verano, el consumo acumulado supera con facilidad los 600 kWh solo para climatizar una estancia. Con un precio medio del kWh en torno a 0,15 €/kWh en 2026 (ya con el IVA al 21% incluido), eso son entre 90 y 120 euros solo por enfriar un salón o un dormitorio. En una vivienda donde se climatizan dos o tres estancias — algo habitual en las semanas de ola de calor — ese coste se multiplica por dos o por tres sin que nadie lo decida conscientemente, simplemente porque cada aparato se enciende "un rato" y ese rato se acumula.

El resultado agregado es el que de verdad duele: en los meses de más calor, el aire acondicionado puede representar entre el 40% y el 65% de toda la factura eléctrica del hogar. No es el electrodoméstico que más veces se enciende al día — ese suele ser el frigorífico — pero sí es, con diferencia, el que más energía concentra en menos horas.

Un asesor energético consultado recientemente por un medio nacional ponía una cifra concreta sobre la mesa: tener el aire encendido en verano puede sumar hasta 53 euros al mes a una factura que sin él rondaría la mitad. Es una estimación, no una ley física — depende del equipo, de la vivienda y de cuántas horas esté realmente en marcha — pero da una idea del orden de magnitud del que hablamos, y confirma que no es una sensación exagerada de quien paga la factura: el salto es real y es medible.

Hay un matiz que suele pasarse por alto y que sí conviene aclarar: no es lo mismo un aparato portátil de ventana que una unidad partida (split) bien instalada. Los portátiles son más cómodos de instalar pero, para el mismo frío entregado, gastan sensiblemente más energía — su eficiencia suele ser entre un 30% y un 40% peor que la de un split equivalente. Si el plan es comprar un equipo nuevo este verano, ese dato pesa más a medio plazo que el precio de compra inicial.

Por qué dos vecinos con el mismo aire pagan distinto

Aquí es donde se queda corto pensar solo en vatios y horas. Dos pisos con el mismo modelo de aire acondicionado y un uso parecido pueden tener facturas muy diferentes por tres motivos que casi nunca aparecen juntos en la misma conversación.

El primero es la potencia contratada: si está mal dimensionada —demasiado ajustada para lo que realmente consume la vivienda en verano, con el aire, la nevera y algún otro aparato funcionando a la vez— se disparan las penalizaciones por exceso de potencia, que se cobran aparte del consumo. Conviene revisar esto con una calculadora de potencia contratada antes de que llegue agosto, no después.

El segundo es el tipo de tarifa. Quien está en PVPC paga el precio de cada hora del mercado mayorista, que varía bastante a lo largo del día; quien tiene una tarifa fija de mercado libre paga siempre lo mismo, acierte o no con el momento de encender el aire. Cuál compensa depende del perfil de consumo de cada casa, y conviene comprobarlo con datos reales antes de asumir que "lo fijo siempre es más seguro" — no siempre lo es. Hay una calculadora de ahorro entre PVPC y mercado libre pensada justo para esto.

El tercero, el más ignorado, es que mover el consumo a la noche ya no es la ganga que solía ser en muchas zonas: la franja nocturna se ha encarecido en relación a las horas centrales del día por el peso creciente de la fotovoltaica, así que la estrategia de "enfriar de madrugada y aguantar de día" hay que revisarla caso por caso, no darla por buena de memoria.

El caso raro: quien tiene placas solares nota menos el golpe

Hay un grupo de hogares al que esta subida les afecta bastante menos, y no es casualidad: los que ya tienen autoconsumo solar instalado. El pico de generación fotovoltaica coincide, casi al minuto, con las horas de más calor y más necesidad de aire acondicionado — el mediodía y la primera tarde. Para esas viviendas, encender el aire entre las 12:00 y las 17:00 no es el peor momento del día, es justo el mejor: la energía sale del tejado, no de la red, y el IVA al 21% deja de importar tanto porque hay menos kWh que comprarle a la comercializadora.

No es una solución para todo el mundo — instalar placas tiene un coste inicial y un plazo de amortización que hay que calcular con calma, y no siempre compensa según el consumo de cada casa. Pero para quien ya se lo está planteando, el verano de 2026, con el IVA arriba y las olas de calor cada vez más largas, es probablemente el argumento más sólido que va a encontrar en mucho tiempo.

Qué cambia realmente la factura (y qué es ruido)

Bajar dos grados el termostato, de 24°C a 26°C, reduce el consumo del equipo hasta un 20% sin que la sensación térmica cambie de forma dramática, sobre todo si hay ventilador de apoyo moviendo el aire. Es probablemente el ajuste con mejor relación esfuerzo-ahorro de todos los que existen, y cuesta cero euros aplicarlo.

El modo eco o el uso del temporizador para no dejar el equipo toda la noche funcionando a máxima potencia también suma, aunque de forma más modesta. Limpiar los filtros cada dos o tres semanas evita que el aparato tenga que esforzarse más de la cuenta para dar el mismo frío — un filtro sucio puede encarecer el consumo de un aparato bien dimensionado hasta en un 10%, algo que rara vez se menciona y que no cuesta nada arreglar.

Lo que aporta menos de lo que parece es cambiar de compañía sin revisar antes potencia contratada y hábitos de uso: si el problema de fondo es un equipo sobredimensionado funcionando doce horas seguidas, ninguna tarifa nueva va a arreglar eso. Conviene mirar primero el consumo real, aparato por aparato, con algo como la calculadora de consumo por electrodoméstico, y después decidir si el problema está en la tarifa o en el uso.

Antes de que llegue la factura de agosto

El patrón se repite cada verano: la factura de julio sorprende, la de agosto asusta un poco más porque agrupa las semanas de más calor, y en septiembre ya es tarde para haber evitado el gasto. Este año, con el IVA de vuelta al 21%, el margen de error es más pequeño que en los dos anteriores — cualquier despiste en el uso del aire se nota antes y se nota más.

Quien quiera hilar más fino puede repasar también qué franjas horarias conviene evitar para los electrodomésticos que sí se pueden programar, como el lavavajillas o la lavadora, y reservar el margen de ahorro real para el aire, que es el que no se puede posponer sin más cuando el termómetro marca 38 grados a las cinco de la tarde.

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