Bajar la potencia contratada: cuándo compensa y cuánto ahorras realmente

Fila de contadores eléctricos de potencia contratada en una vivienda
Bajar un kilovatio de potencia contratada cuesta 9,04 € de una vez y puede ahorrar más de 30 € al año, pero solo compensa si de verdad te sobra: volver a subirla después sale bastante más caro que bajarla.

En un piso de tres habitaciones, la revisión de la última factura dejó una cifra que nadie había mirado antes: 5,75 kW contratados en el tramo punta, pero una potencia máxima demandada de apenas 4,1 kW en los últimos doce meses, según el histórico de la distribuidora. Ese margen de 1,65 kW llevaba cuatro años pagándose sin usarse una sola vez.

No es un caso raro. Muchos contratos de luz en España heredan la potencia que puso el instalador al dar de alta el suministro, o la que tenía el inquilino anterior, y ahí se queda para siempre porque nadie vuelve a tocarla. El problema es que el término de potencia se paga todos los días del año, se use o no se use, así que cada kW de margen que no necesitas es un gasto fijo silencioso.

Lo que pagas por tener potencia y lo que pagas por gastarla son cosas distintas

La factura de la luz mezcla dos conceptos que conviene separar. Uno es el término de energía: lo que consumes, medido en kWh, y que varía cada mes según el uso. El otro es el término de potencia: lo que puedes usar de forma simultánea, medido en kW, y que se cobra igual aunque ese mes apenas hayas encendido nada.

Puedes tener una casa que gasta poca electricidad al mes y aun así necesitar bastante potencia, si sueles encender el horno, la vitrocerámica y la lavadora a la vez. Y al revés: puedes consumir mucho a lo largo del mes —por ejemplo con un uso constante y escalonado de electrodomésticos, como detallamos en la calculadora de consumo por electrodoméstico— y necesitar poca potencia porque nunca coincide todo encendido a la vez.

En la tarifa 2.0TD, además, la potencia se contrata por separado en dos periodos: P1 (punta, de lunes a viernes de 08:00 a 24:00) y P2 (valle, de lunes a viernes de 00:00 a 08:00 y todo el fin de semana y festivos). Es perfectamente posible tener de sobra en uno de los dos tramos y ajustado en el otro, sobre todo si cargas el coche eléctrico o el termo por la noche.

La única cifra que dice si te sobra potencia (y dónde mirarla)

Da igual cuántos electrodomésticos creas que tienes: el dato que importa es la potencia máxima demandada de los últimos doce meses, no de un mes cualquiera. Con un contador de telegestión —la inmensa mayoría en España— ese histórico está disponible en el área de cliente de la distribuidora o en Datadis, desglosado por P1 y P2.

Conviene mirar los doce meses completos y no solo el verano o el invierno, porque un pico de julio con el aire acondicionado puesto puede maquillar un consumo que el resto del año es mucho más bajo. Si esa potencia máxima queda claramente por debajo de lo contratado en ambos periodos, hay margen real para bajar. Antes de decidir la nueva cifra, la calculadora de potencia contratada ayuda a comprobar qué combinación de aparatos encendidos a la vez sigues pudiendo soportar sin sustos.

Cuánto se ahorra realmente al bajar un kilovatio

Aquí no hay una cifra única para todo el país, porque depende del precio de potencia de cada tarifa y de si el ajuste se hace en P1, en P2 o en los dos. El término regulado de potencia —el peaje que fija la normativa, antes del margen de la comercializadora— ronda los 0,07-0,08 €/kW al día en 2026, aunque en la factura final, con el margen añadido, es habitual acabar entre 0,08 y 0,11 €/kW al día según la tarifa.

Con un precio de referencia de 0,09 €/kW al día, bajar 1 kW en el tramo punta supone un ahorro aproximado de 0,09 × 365 ≈ 32,85 € al año antes de impuestos, solo en el término fijo. Si el ajuste se hace en los dos periodos —punta y valle a la vez— el ahorro se duplica de forma aproximada, aunque el precio de P2 suele ser algo más bajo que el de P1. En una casa que baja de 5,75 a 4,6 kW en punta, ese 1,15 kW de diferencia ronda los 38 € al año, una cifra modesta mes a mes pero que se nota sumada a varios años de contrato.

Bajar cuesta siempre lo mismo; subir no

La letra pequeña está en la asimetría entre bajar y subir potencia, y es donde más gente se equivoca al calcular si compensa. Bajar tiene un coste regulado fijo, independiente de los kW que reduzcas. Subir, en cambio, suma derechos de acceso y de extensión por cada kW añadido, así que deshacer el cambio si te equivocas sale caro.

Concepto Bajar potencia Subir potencia
Derechos de enganche 9,04 € (fijo) 9,04 € (fijo)
Derechos de acceso ≈19,70 € por kW añadido
Derechos de extensión ≈17,37 € por kW añadido
Coste total aproximado 9,04 € + IVA ≈37 € por kW + 9,04 €, + IVA

Dicho de otra forma: si bajas de más y luego necesitas recuperar esa potencia, el coste de subir puede comerse varios años del ahorro conseguido al bajar. Por eso no conviene apurar al límite exacto de la potencia máxima demandada, sino dejar un margen razonable de seguridad.

Cómo se pide el cambio y cuánto tarda en 2026

El trámite se solicita a la comercializadora, no a la distribuidora, aunque es esta última quien ejecuta técnicamente el cambio. Con un contador telegestionado —de nuevo, la mayoría de los hogares— no hace falta ninguna visita ni sustituir equipo: el ajuste se hace de forma remota. Desde 2026, el plazo máximo habitual para que se haga efectivo es de 72 horas cuando no requiere actuación presencial; si la instalación necesita revisión física, el plazo sube hasta cinco días hábiles.

Hay un límite que conviene tener en cuenta: la normativa da derecho a al menos un cambio de potencia cada doce meses sin coste de tramitación adicional. Pedir una segunda modificación antes de ese plazo puede ser rechazado por la distribuidora, así que merece la pena calcular bien la cifra antes de tramitarlo, en lugar de ir ajustando por prueba y error.

Cuándo no conviene bajarla, aunque la cuenta salga a favor

Los números anteriores tientan, pero hay situaciones en las que bajar potencia es un error aunque el histórico de consumo lo permita sobre el papel. Si tienes previsto instalar aire acondicionado, cambiar a calefacción eléctrica o poner un punto de recarga para el coche eléctrico, ese consumo nuevo no está reflejado en la potencia máxima demandada de los últimos doce meses, y quedarte corto te obligará a subir después, con el sobrecoste que hemos visto en la tabla. Antes de tomar la decisión conviene repasar cuánta potencia añade realmente cargar el vehículo en casa, algo que detallamos en la guía sobre cuánto cuesta cargar el coche eléctrico en casa.

Tampoco conviene apurar al mínimo si en casa coincide con frecuencia el uso simultáneo de varios aparatos potentes: horno, lavadora y aire acondicionado a la vez son la combinación más habitual que dispara la potencia demandada en un momento puntual, aunque el resto del mes el consumo sea bajo. Ahí el problema no es tanto cuánta potencia tienes contratada como organizar mejor los horarios, algo que explicamos con más detalle en el análisis sobre qué pasa cuando se supera la potencia contratada: el contador no corta al primer vatio de más, pero sí penaliza los excesos reiterados.

La potencia contratada no es un gasto que se ajuste una vez y se olvide. Cambia la composición de la familia, cambian los electrodomésticos, cambian los hábitos, y lo que hace tres años era la cifra correcta puede llevar tiempo sin serlo. Revisar la potencia máxima demandada una vez al año, antes de que llegue el momento en que ya no se puede volver a bajar sin coste, es la única forma de no pagar de más por algo que no se usa ni de quedarse corto en el peor momento.

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