Cuánto gasta un radiador eléctrico al mes: la cuenta real con el precio de hoy

Contadores eléctricos que miden el consumo de electricidad en un edificio
Un radiador de 1.500 W encendido cinco horas al día cuesta entre 25 y 65 € al mes según su potencia, y la hora en la que lo enciendas puede duplicar o triplicar esa cifra.

Enciende un radiador a las dos de la tarde y esa hora te sale por 0,70 €. Enciende el mismo radiador, a la misma potencia, a las nueve de la noche, y esa hora cuesta 2,84 €. No es una errata: hoy, 4 de septiembre de 2026, el precio de la luz en el mercado regulado ha llegado a 0,37782 €/kWh en la franja más cara del día y ha bajado hasta 0,09259 €/kWh en la más barata, más de cuatro veces menos por consumir exactamente lo mismo. Y esto es solo un adelanto de lo que viene: en cuanto empiecen las primeras noches frías, millones de radiadores eléctricos se van a encender en toda España sin que casi nadie haya hecho antes esta cuenta.

Cuánto consume realmente un radiador eléctrico

Da igual el modelo, el color o el precio que hayas pagado por él: un radiador eléctrico es una resistencia que transforma electricidad en calor con un rendimiento cercano al 100%. Lo único que determina su consumo es la potencia, medida en vatios (W), y las horas que esté encendido. La fórmula es simple: potencia en kW × horas de uso × precio del kWh.

La mayoría de radiadores domésticos se mueven entre 1.000 W y 2.500 W. Uno de gama baja para una habitación pequeña ronda los 1.000-1.200 W; el típico radiador de aceite de salón está en 1.500-2.000 W; y los modelos más potentes, pensados para calentar estancias grandes o con mala aislación, llegan a 2.500 W o más.

La cuenta con el precio medio de este mes

Con el precio medio de la luz de lo que llevamos de septiembre, en torno a 0,17 €/kWh, esto es lo que paga un radiador según su potencia si lo usas cinco horas al día durante 30 días:

Potencia Consumo diario (5h) Coste diario Coste mensual
1.000 W 5 kWh 0,85 € 25,50 €
1.500 W 7,5 kWh 1,28 € 38,25 €
2.000 W 10 kWh 1,70 € 51,00 €
2.500 W 12,5 kWh 2,13 € 63,75 €

Ojo con un matiz importante: esto asume que el radiador está encendido a máxima potencia esas cinco horas seguidas. En la práctica, casi ningún radiador con termostato funciona así. Calienta hasta la temperatura marcada, se apaga, y vuelve a encenderse cuando la habitación se enfría. El consumo real termina siendo bastante más bajo que el de "máxima potencia todo el rato", sobre todo si la habitación está bien cerrada.

El truco que casi nadie aplica al radiador

Aquí está la parte que se queda corta en la mayoría de calculadoras: casi todas asumen un precio fijo de la luz, y ese precio no existe. Si tienes una tarifa indexada al mercado (PVPC) o simplemente puedes elegir cuándo encender el radiador, la diferencia entre hacerlo en la hora barata o en la cara del día es brutal. Con los precios de hoy, un radiador de 1.500 W funcionando cinco horas seguidas en la franja más barata (14h-15h) cuesta unos 0,70 € la hora, unos 21 € al mes si se repitiera cada día. El mismo radiador, mismas cinco horas, pero en la franja más cara (21h-22h), sale por 2,84 € la hora, cerca de 85 € al mes. Es un ejercicio extremo —nadie usa el radiador solo en la hora más cara ni solo en la más barata— pero deja claro cuánto pesa el reloj en la factura, algo que ya explicamos con detalle al hablar de cuándo conviene encender el termo eléctrico.

La aplicación práctica es sencilla: si tu rutina lo permite, adelanta el uso del radiador a primera hora de la tarde en vez de dejarlo para la noche, y evita coincidir con la franja de mayor demanda (normalmente entre las 20h y las 22h). No hace falta ser un experto en el mercado eléctrico para aprovecharlo.

Aceite, cerámico, cuarzo o panel: la diferencia no está donde crees

Aquí viene la trampa en la que caen la mayoría de comparativas: decir que un radiador cerámico "gasta menos" que uno de aceite por la misma potencia. Eso no es así. Un radiador de 1.500 W consume 1.500 W tenga la carcasa que tenga, sea de aceite, cerámico, de cuarzo o un panel radiante. La electricidad se convierte en calor con el mismo rendimiento en todos los casos.

Lo que sí cambia, y mucho, es cómo se reparte ese calor y cómo se comporta el termostato:

  • Radiador de aceite: tarda más en calentar, pero tiene inercia térmica: sigue soltando calor un buen rato después de apagarse. Menos ciclos de encendido y apagado.
  • Cerámico o de cuarzo: calienta casi al instante, ideal para encender poco rato en una habitación puntual, pero se enfría igual de rápido en cuanto se apaga.
  • Panel radiante o toallero eléctrico: consumo bajo por su potencia reducida, pensado para espacios pequeños o para complementar otra calefacción, no para sustituirla en una habitación grande.
  • Con termostato digital o wifi: el ahorro real está aquí, no en el material. Un termostato que corta con precisión evita que el radiador siga funcionando cuando la habitación ya está a temperatura, algo que un termostato mecánico barato hace peor.

Si tuvieras que elegir en qué gastar más al comprar uno, mejor invertir en un buen termostato que en la carcasa.

Cinco errores que disparan la factura sin que te des cuenta

  • Dejarlo encendido en una habitación vacía "para que esté calentita cuando llegue".
  • Comprar uno de potencia excesiva para el tamaño real de la habitación, pensando que así calienta más rápido.
  • Ignorar corrientes de aire y ventanas mal selladas: da igual la potencia si el calor se escapa por una rendija.
  • Ponerlo al máximo de forma permanente en lugar de dejar que el termostato regule.
  • Sumar dos o tres radiadores a la vez sin pensar en la potencia contratada, algo que puede hacer saltar el ICP si el resto de la casa también está consumiendo.

Este último punto merece una mención aparte: si notas que la luz se va justo cuando enciendes el radiador junto con otros aparatos, el problema no es el radiador en sí, sino la potencia contratada. Antes de dar por hecho que necesitas subirla, conviene revisar si bajar la potencia contratada compensa en tu caso, porque el efecto es el mismo que con el frigorífico: es un consumo que se acumula en segundo plano, como explicamos al calcular cuánto gasta el frigorífico al mes, solo que aquí el aparato sí lo puedes apagar cuando no hace falta.

¿Y si en vez de radiador pusiera una bomba de calor?

Es la pregunta que surge cada otoño. Una bomba de calor (aire acondicionado en modo calor) genera entre 3 y 5 kWh de calor por cada kWh de electricidad consumida, frente al 1:1 de un radiador de resistencia. Para una casa completa, sale más barata a la larga. Pero tiene una inversión inicial que un radiador no tiene, y no siempre compensa si solo necesitas calentar una habitación unas horas al día en las zonas más frías del año. El radiador eléctrico sigue teniendo sentido como solución puntual o de refuerzo, no como sustituto de un sistema de calefacción central. Con el contexto de precios que se espera para los próximos meses —ya explicamos por qué la luz puede subir este otoño—, hacer bien esta cuenta antes de que llegue el frío de verdad puede ahorrar más de un disgusto.

Antes de encender el radiador por primera vez esta temporada, revisa también qué otros aparatos tienes conectados de fondo: entre el standby de la tele, el router y la nevera hay un consumo constante que muchas veces se olvida, y que sumado al radiador es lo que realmente decide si la factura sube o se dispara. Lo repasamos en detalle al hablar del consumo fantasma de los aparatos en standby.

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